Honor a quien honor merece
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Martí, Gómez y Masó se reúnen con las fuerzas insurrectas acampadas en el campamento de Vuelta Grande, siendo Martí el último en tomar la palabra, pronunciando su último discurso; al filo del medio día, reciben la noticia de tropas españolas en Dos Ríos, asumiendo Gómez el mando de las fuerzas allí reunidas y decide atacar al enemigo en aquel lugar, partiendo con una fuerza de unos 100 jinetes; al cruzar el Contramaestre se produce el primer choque con la vanguardia enemiga, lo que se convierte instantes después en un encarnizado combate en el que cae mortalmente herido José Martí; fueron en vano los esfuerzos por recuperar su cadáver pues las fuerzas cubanas estaban en desventajas numéricas con una proporción de uno para ocho hombres.
Sobre aquel acontecimiento, Gómez escribiría en su diario:
“¡Que guerra esta! Pensaba yo por la noche; que al lado de un instante de placer, aparece otro de amarguísimo dolor. Ya nos falta el mejor de los compañeros y el alma podemos decir del levantamiento”
Allí en las tierras de Dos Ríos hace 126 años, cayó el hombre de pensamiento y acción y nació un programa de lucha cuya vigencia atesora el hacer de nuestra revolución. Su legado, seguido por los jóvenes de la vanguardia revolucionaria, durante la República, fue retomado por la generación del Centenario en 1953, y sigue enarbolado en su grandeza por la Revolución en el poder, deudora inextinguible de su ideario.
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